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Nearshoring: México tiene la oportunidad, pero las PyMES deben estar listas para aprovecharla

José Bahena27 de agosto de 20265 min de lectura
Nearshoring, PyMES, Cadenas de valor, Proveeduría corporativa, Inversión extranjera, Competitividad, Nacional Financiera.jpg

La llegada de inversión extranjera no garantiza que las empresas mexicanas se conviertan en proveedoras. El verdadero reto es desarrollar las capacidades necesarias para integrarse a las cadenas de valor.

Durante los últimos años, una palabra se ha instalado con fuerza en las conversaciones empresariales de México: nearshoring. Gobiernos, cámaras empresariales, especialistas y empresarios hablamos de la oportunidad que representa para nuestro país la llegada de inversiones internacionales que buscan acercar sus operaciones al mercado de Estados Unidos… y no es para menos.

México cuenta con una posición geográfica privilegiada, una amplia red de tratados comerciales, experiencia manufacturera y una frontera de más de 3,000 kilómetros con Estados Unidos. Pero existe una pregunta que deberíamos hacernos con mayor frecuencia: ¿Cuánto de esa nueva inversión terminará realmente beneficiando a las empresas mexicanas? Porque una cosa es que una empresa extranjera llegue a instalar una planta en México y otra muy distinta es que las micro, pequeñas y medianas empresas (PyMES) logren convertirse en sus proveedoras. Ahí está uno de los grandes desafíos del nearshoring.

No basta con atraer empresas Durante mucho tiempo hemos medido el éxito de la política de atracción de inversiones por el número de empresas que llegan, los millones de dólares anunciados o los empleos que potencialmente serán creados. Son indicadores importantes. Pero existe otro indicador que deberíamos observar con mucha mayor atención: ¿Cuántas empresas mexicanas están incorporándose a las cadenas de suministro de esas compañías?

Si una gran empresa llega a México, importa la mayor parte de sus insumos, contrata proveedores extranjeros y sólo utiliza territorio mexicano como plataforma productiva, el efecto multiplicador sobre nuestra economía será limitado. El verdadero éxito del nearshoring debería medirse también por la capacidad de México para desarrollar proveedores nacionales.

Ser proveedor corporativo es otra liga Una pequeña empresa puede tener un excelente producto y, aun así, no estar preparada para venderle a una empresa ancla. Las grandes organizaciones no compran únicamente productos; compran certeza. Necesitan proveedores capaces de entregar consistentemente la calidad acordada, en el volumen requerido, en el tiempo establecido y bajo procesos perfectamente documentados. Necesitan empresas:

  • Formalmente constituidas y con capacidad financiera.
  • Con controles administrativos y sistemas de calidad.
  • Con trazabilidad y capacidad de respuesta.
  • Alineadas con estándares de sostenibilidad, seguridad y cumplimiento.

Por eso, cuando una PyME dice: “Yo tengo el producto que necesitan”, la siguiente pregunta debe ser: “¿Pero tienes la empresa que necesitan como proveedor?” La diferencia entre ambas cosas determina si una oportunidad se convierte en un gran negocio o simplemente en una oportunidad perdida.

La gran oportunidad está en las cadenas de valor. En mi experiencia como empresario y como integrante del Sistema Nacional de Consultores de Nacional Financiera (NAFIN) y Banco Nacional de Comercio Exterior (BANCOMEXT), he comprobado que uno de los mayores retos de las PyMES mexicanas es transitar de una lógica de venta tradicional a una verdadera lógica de proveeduría.

Esto requiere trabajo estructural: revisar procesos, determinar costos reales, profesionalizar la administración, establecer indicadores, mejorar la calidad, ordenar las finanzas, capacitar al personal, digitalizar procesos y cumplir con obligaciones fiscales y legales. El empresario debe dejar de preguntarse únicamente: “¿Quién me puede comprar?” y comenzar a estructurar la respuesta a: “¿Qué tengo que hacer para que una empresa global quiera comprarme?”

El problema no es el tamaño. Una empresa pequeña tiene algo que una gran corporación muchas veces no puede conseguir fácilmente: agilidad.

Las PyMES pueden tomar decisiones más rápido, modificar procesos, atender mercados especializados y desarrollar soluciones a la medida. Pero para capitalizar esa ventaja necesitan profesionalizarse. El tamaño no debe ser excusa para la informalidad o la falta de procesos. La competitividad se determina por la capacidad de generar valor.

Una responsabilidad compartida y una prueba de mercado México necesita una estrategia de desarrollo de proveedores. Las empresas ancla deben apostar por lo nacional; las cámaras empresariales, facilitar vinculación; las instituciones financieras, diseñar mecanismos de fondeo; la academia, formar talento; y los gobiernos, crear condiciones de competitividad. Pero existe una responsabilidad exclusiva del empresario: prepararse. Nadie puede obligar a una empresa corporativa a comprarle a una PyME que no cumple con sus estándares.

El nearshoring puede generar inversiones, pero el desarrollo de proveedores puede generar empresarios mexicanos más fuertes. Una planta extranjera puede llegar, producir y eventualmente marcharse. Pero una PyME mexicana que aprende a cumplir los estándares de una empresa global puede utilizar ese conocimiento durante décadas para escalar, conseguir nuevos clientes y convertirse en una nueva empresa ancla.

El reto empieza dentro de cada empresa. No se puede esperar a que una gran compañía toque a la puerta. El tiempo para revisar procesos, medir productividad, buscar certificaciones y fortalecer la estructura financiera es ahora.

La verdadera pregunta es si nuestras PyMES estarán preparadas para convertirse en protagonistas… o terminarán siendo únicamente espectadoras de la gran oportunidad industrial de nuestra generación.

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