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¿Estamos formando empresarios o solamente administradores de negocios?

José Bahena31 de julio de 20264 min de lectura
empresario y administrador

México necesita más personas capaces de crear empresas, innovar y asumir riesgos, no únicamente de administrar lo ya existente.

Durante años hemos insistido en que México necesita más inversión, más empleo y más empresas. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a reflexionar sobre una pregunta que puede ser aún más importante:

¿Estamos formando empresarios o solamente administradores de negocios?

La diferencia parece sutil, pero no lo es:

  • Un administrador procura que una organización funcione correctamente. Un empresario imagina una organización que todavía no existe.
  • El administrador optimiza recursos. El empresario identifica oportunidades.
  • El administrador reduce riesgos. El empresario aprende a administrarlos para convertirlos en crecimiento.

Ambos perfiles son indispensables para el éxito de cualquier empresa. El problema aparece cuando confundimos uno con el otro.

En México, gran parte de la educación superior ha privilegiado la formación de excelentes administradores, contadores, abogados e ingenieros. Profesionales técnicamente preparados para dirigir procesos, operar organizaciones y resolver problemas específicos.

Pero emprender exige algo más: exige creatividad, capacidad para tomar decisiones en escenarios de incertidumbre, visión estratégica, resiliencia, liderazgo… y, sobre todo, la disposición de asumir la responsabilidad de construir algo desde cero.

El empresario no nace únicamente con una buena idea. Se forma enfrentando desafíos, aprendiendo de los errores y desarrollando la capacidad de adaptarse cuando el mercado cambia. Por esto, el espíritu empresarial no debería enseñarse únicamente en las facultades de negocios. Debería formar parte de la cultura educativa del país.

Necesitamos jóvenes que aprendan a identificar oportunidades antes que obstáculos. Que comprendan que una empresa no sólo genera utilidades: genera empleo, impulsa innovación, fortalece comunidades y contribuye al desarrollo económico.

Durante mucho tiempo se promovió la idea de que el éxito profesional consistía en encontrar un empleo estable y permanecer en él durante toda la vida. Ese modelo respondió a una realidad económica distinta. Hoy vivimos en un entorno donde las transformaciones tecnológicas, la globalización y la Inteligencia Artificial modifican constantemente las reglas del mercado.

Las organizaciones necesitan personas capaces de crear soluciones, no únicamente de ejecutar instrucciones. Y el país necesita empresarios capaces de construir nuevas oportunidades donde otros sólo ven problemas. Esto no significa que todos deban emprender; significa que debemos fomentar una mentalidad emprendedora. Una persona puede desempeñarse dentro de una empresa y actuar con visión empresarial: proponiendo mejoras, innovando, resolviendo problemas y generando valor.

La actitud emprendedora no depende del cargo, depende de la forma de pensar.

Otro desafío importante es el de las empresas familiares. Miles de negocios exitosos enfrentan hoy una pregunta inevitable: ¿quién dirigirá la empresa dentro de diez o veinte años? En muchos casos, la siguiente generación recibe un patrimonio, pero no necesariamente la formación para preservarlo y hacerlo crecer. El conocimiento técnico puede heredarse… el liderazgo no.

Por ello, la sucesión no consiste únicamente en transferir acciones o nombrar un nuevo director: consiste en formar personas capaces de tomar decisiones, construir equipos y mantener viva la visión que dio origen a la empresa.

En mi experiencia asesorando empresas y participando en organismos empresariales, he observado que los negocios que trascienden generaciones tienen una característica en común:

No preparan herederos. Preparan líderes… Y la diferencia es enorme: el heredero recibe una responsabilidad. El líder aprende a ejercerla.

La llegada de la Inteligencia Artificial hace todavía más relevante esta reflexión. Muchas tareas técnicas podrán automatizarse. Los procesos administrativos serán cada vez más eficientes. La información estará disponible para todos… Pero habrá algo que ninguna tecnología podrá reemplazar: la capacidad humana de imaginar un futuro diferente y movilizar a otros para construirlo. Eso es liderazgo empresarial. Eso es emprendimiento. Eso es crear valor.

México necesita administradores competentes y siempre los necesitará. Pero necesita aún más empresarios con visión, capaces de asumir riesgos responsables, innovar y generar riqueza con sentido social.

Porque detrás de cada empresa exitosa hubo alguien que decidió hacer algo más que administrar lo existente… Decidió crear lo que todavía no existía.

Y quizá el mayor reto de nuestro sistema educativo, de nuestras cámaras empresariales y de nuestras propias empresas familiares no sea enseñar a administrar mejor. Será inspirar a la próxima generación para que tenga el valor de emprender, innovar y liderar.

Porque los países no transforman su economía únicamente formando buenos administradores. La transforman formando empresarios capaces de cambiar la realidad.

Fuentes de consulta:


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