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Opinion Empresarial
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EL PROBLEMA NO ES LA FALTA DE EMPLEO… ES LA FALTA DE PRODUCTIVIDAD.

José Bahena24 de junio de 20264 min de lectura
Búsqueda de empleo

Un país puede tener millones de personas trabajando y, aun así, permanecer atrapado en bajos niveles de crecimiento económico. La razón es simple: el desarrollo sostenible no depende únicamente de cuántas personas trabajan, sino de cuánto valor son capaces de generar con su trabajo.

La productividad es, en términos sencillos, la capacidad de producir más y mejor utilizando los recursos disponibles. Es el factor que permite incrementar salarios, mejorar la competitividad, atraer inversiones y elevar el nivel de vida de la población.

Cuando una economía no mejora su productividad, tarde o temprano encuentra un límite para su crecimiento.

México enfrenta precisamente ese desafío.

De acuerdo con datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la productividad laboral de México permanece significativamente por debajo del promedio de los países miembros de la organización. A pesar de los avances tecnológicos y del crecimiento de diversos sectores productivos, el país continúa enfrentando rezagos estructurales que limitan su capacidad para generar mayor valor agregado.

Esto ayuda a explicar una paradoja que muchos empresarios conocen perfectamente: existen personas que trabajan largas jornadas y empresas que realizan enormes esfuerzos operativos, pero cuyos resultados económicos siguen siendo modestos.

Trabajar más horas no necesariamente significa producir más.

De hecho, en numerosos casos ocurre exactamente lo contrario.

Las organizaciones más productivas del mundo no son aquellas donde las personas permanecen más tiempo en la oficina. Son aquellas donde existen mejores procesos, mejor capacitación, mejores herramientas tecnológicas y una cultura orientada a resultados.

La productividad no es una cuestión de esfuerzo físico. Es una cuestión de organización, conocimiento y eficiencia.

En el ámbito empresarial mexicano, uno de los problemas más frecuentes es la confusión entre actividad y productividad.

Muchas organizaciones viven ocupadas permanentemente. Hay reuniones, llamadas, reportes, correos electrónicos y jornadas extensas. Sin embargo, una parte importante de esas actividades genera poco valor real para la empresa.

La pregunta relevante no es cuánto estamos trabajando.

La pregunta es cuánto estamos avanzando.

Otro factor que afecta significativamente la productividad es la informalidad laboral. Según cifras del INEGI, más de la mitad de la población ocupada en México trabaja en condiciones de informalidad. Esto limita la capacitación, reduce la inversión en capital humano y dificulta la incorporación de mejores prácticas productivas.

La informalidad puede resolver necesidades inmediatas de ingreso, pero difícilmente genera las condiciones necesarias para construir una economía altamente competitiva.

A nivel empresarial también existen áreas de oportunidad evidentes.

Muchas empresas continúan operando con procesos improvisados, estructuras organizacionales poco claras, escasa capacitación y una limitada adopción tecnológica. En algunos casos, los problemas que se atribuyen al personal tienen su origen en sistemas de trabajo deficientes o en una ausencia de liderazgo efectivo.

Resulta más fácil culpar a los trabajadores que revisar los procesos internos.

Sin embargo, las organizaciones verdaderamente exitosas entienden que la productividad es una responsabilidad compartida.

Los colaboradores deben comprometerse con la excelencia, pero los líderes tienen la obligación de proporcionar dirección, capacitación, herramientas y condiciones adecuadas para que el talento pueda desarrollarse.

La irrupción de tecnologías como la Inteligencia Artificial vuelve todavía más urgente esta reflexión.

En los próximos años, la diferencia entre empresas competitivas y empresas rezagadas estará determinada en gran medida por su capacidad para aumentar productividad mediante innovación, automatización y mejora continua.

No se trata de sustituir personas por máquinas.

Se trata de permitir que las personas dediquen menos tiempo a tareas repetitivas y más tiempo a actividades que generen valor.

Para México, el desafío es enorme.

Si queremos mejores salarios, mayor competitividad y crecimiento económico sostenido, debemos dejar de medir el éxito únicamente por el número de empleos generados.

Necesitamos comenzar a hablar de productividad con la misma intensidad con la que hablamos de empleo.

Porque los países no se enriquecen solamente creando más puestos de trabajo.

Se enriquecen cuando cada trabajador, cada empresa y cada organización son capaces de generar más valor, más innovación y mejores resultados.

El futuro económico de México no dependerá exclusivamente de cuántos empleos logremos crear. Dependerá de qué tan productivos seamos capaces de volvernos. Y esa diferencia puede determinar si seguimos siendo una economía de esfuerzo... o nos convertimos en una economía de alto desempeño.


Fuentes consultadas:


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