Marcando el rumbo

Cuando yo era estudiante, mi padre siempre tenía dinero para que yo me inscribiera a clases de inglés, para pagar uniformes deportivos, para aprender algún instrumento musical o para asistir a eventos culturales. Por el contrario, nunca tenía dinero para que yo fuera dispendioso o parrandero. Agradezco mucho su guía y la educación que me dio. Fue un gran padre y siempre busco dirigir mis pasos por el buen camino.
Pero… no quiero escribir sobre mi juventud ni minimizar las implicaciones del tema de esta columna de opinión, solamente recurro a esta remembranza en un esfuerzo por captar la atención del lector.
En los grandes bancos multilaterales de desarrollo existe un concepto que toma diversos nombres y distintas formas: policy deployment loans (prestamos atados a políticas públicas). Estos préstamos no buscan financiar proyectos específicos, sino que otorgan fondos de libre disponibilidad para cubrir las necesidades de gasto de los Gobiernos a cambio de que se implementen reformas macroeconómicas, sociales, ambientales o fiscales. Tanto el Banco Mundial como los varios bancos de desarrollo regionales, incluyendo al Banco Interamericano de Desarrollo, presentan diversas modalidades de prestamos basados en avances de política pública. En algunos casos, junto con el préstamo se ofrecen donaciones para cubrir costos de implementación o para desarrollar proyectos emblemáticos.
Para ponerlo en palabras coloquiales, plantearé un ejemplo ficticio de alguna tierra muy lejana. Supongamos que el Banco Africano de Desarrollo considera valioso promover las garantías individuales en alguno de sus países miembros. Al buscar financiamiento el Ministerio de Hacienda de dicho país, el organismo internacional podría condicionar el préstamo a la inclusión de derechos fundamentales en diversas leyes, el inicio de un Programa Nacional de Libertades Civiles o la creación de una Agencia Nacional de los Derechos Humanos. Aunque el dinero del préstamo sea para el gasto general del Gobierno, la institución financiera supranacional o algunos de sus aliados podría añadir fondos específicos para campañas de concientización sobre los derechos de la mujer o bien para entrenar a la policía y pertrecharlos con equipos de contención civil no letal. El caso de éxito es que la nación logre cubrir sus necesidades económicas a la vez que avanza una relevante política social dentro de sus fronteras. Si el país cumple con su compromiso, el préstamo tiene descuentos sustanciales en las tasas de interés y otras ventajas que son relavantes para el Ministerio de Hacienda. El poder de ese organismo de gobierno es usado para impulsar políticas en diversos sectores.
No me enfrascare en discutir el control que pudiera tener algún banco multilateral sobre las decisiones de política pública de nuestro país (la gran crítica a esta práctica es la imposición del Fondo Monetario Internacional y otros organismos en las decisiones soberanas de una nación). Dejaré ese tema para ser analizado por el lector de acuerdo con su propia experiencia y observaciones. Aunque resulta obvio que pueda existir ese tipo de influencias en diversos sectores. En México, un caso muy específico han sido las regulaciones ambientales, la protección del medio ambiente o las acciones de mitigación del cambio climático.
Lo que haré será enfocarme otras medidas de crecimiento económico que pudieran ser paralelas. Por ejemplo, dentro de la estrategia de prosperidad compartida que se conoce como Plan México se incluye el financiamiento a la pequeña y mediana industria. Algunos sectores como el farmacéutico y dispositivos médicos, textil y zapatos, química – petroquímica y bienes de consumo parecen ser especialmente favorecidos. Deseo que esa política pública pueda tener un gran éxito y servir como semilla para el fortalecimiento de esas industrias. Cosechas lo que siembras. En ese caso, es la propia política pública mexicana la que marca la ruta para el sector privado.
Dicho esto, las nuevas reglas fiscales que ha anunciado la Secretaría de Hacienda y Crédito Público para 2027 deben ir más allá que ser solamente recaudadoras. Nuestras políticas deben buscar el crecimiento económico, la creación de puestos de trabajo y el sano desarrollo de la sociedad. Nuevamente, dejo al análisis del lector si ese es el rumbo que se está marcando.
Regresando al tema de los bancos multilaterales, tratemos de “adivinar” el futuro. Hasta hace poco, el Banco Mundial no financiaba el desarrollo de plantas nucleares en ningún país del mundo y bajo ninguna modalidad. Recientemente, se han cambiado los lineamientos para financiar dos cosas: la repotenciación de antiguas centrales de generación nucleares ya existentes y las nuevas plantas modulares conocidas como SMR (Small and Medium Size Reactors). Faltará esperar para ver si esa política tiene éxito y empezamos a ver proyectos que permitan alargar la vida de plantas como Laguna Verde en Veracruz o la creación de nuevos proyectos basados en reactores de menor tamaño.
No es una situación privativa de México. La mayor parte de los países del mundo requieren financiamiento para los grandes proyectos de infraestructura. Desde ese punto de vista, es muy probable que nazcan programas nucleares en diversos países de América Latina. A pesar de los riesgos que conlleva la energía nuclear, es cierto que ese tipo de generación eléctrica no produce gases de efecto de invernadero y deben considerarse como un elemento de mitigación del cambio climático.
Estoy seguro de que podríamos encontrar ejemplos de este proceso en diversos sectores de la economía mexicana. Una pregunta que debemos resolver como país es la forma en que nos sumamos a este tipo de “olas” de desarrollo a nivel mundial. Lo que es verdad es que las capacidades que construyamos dentro de nuestro país serán las semillas de nuestro futuro. Hace muchos años, México impulso la fabricación de automóviles dentro de nuestras fronteras y eso dio lugar a una importante industria que ha sido clave para muchas familias mexicanas. De forma paralela, también elegimos el turismo y otras actividades económicas como opciones para nuestro desarrollo.
Terminó esta columna de opinión dejando una pregunta clave para el lector. Pensando estratégicamente en el futuro, ¿cuáles deberían ser nuestras apuestas? ¿En que sectores deberíamos enfocar el desarrollo del México de 2050?
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